Se conciben generalmente juntas por razones obvias -que no lo son- la libertad de pensamiento y la libertad de expresión. Quizá no se pueda encadenar la mente, que también, pero la expresión si. Puedo pensar lo que quiera, supongo, creer lo que quiera, mas ¿puedo decirlo? De pronto estoy en un universo en que todos literalmente caen sobre lo que expreso para despreciarlo, destruirlo, rechazarlo, ridiculizarlo, enrostrarlo, y en últimas hacerlo guardar. Desde lo más nimio y simple cualquier pensamiento expresado retorna en forma de arma puesta en manos del otro para ser usada en contra de si mismo. Aunque no esté en plan de misionero ni de conversor. Lo curioso es que ni siquiera el silencio protege pues aflora ese 'sé que está pensando' que también busca triturarlo. Todo totalitarismo, que lo hay desde la célula social más pequeña, el amor por ejemplo busca ser una dictadura, dice: ¡persigan al pensador, cállenlo! Y lo consigue, llegando a matarlo incluso. Grita ¡cállese!, luego sanciona por no hablar.
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