"La semana pasada, un pesquero de arrastre desvencijado en el que viajaban unas 750 personas migrantes de África y el Medio Oriente se volcó en aguas de la zona de búsqueda y rescate de Grecia. Luego, la Guardia Costera Helénica hizo un llamado de emergencia a un superyate de 175 millones de dólares que pasaba por ahí. La lujosa embarcación, propiedad familiar de un magnate de la plata mexicano, recogió y brindó auxilio a decenas de náufragos que intentaban llegar a Italia. Solo 104 hombres sobrevivieron." (The New York Times)
Nadie más ayudó.
Cinco ricachones se lanzan al fondo del océano en una lata de sardinas a ver un montón de fierro hundido. Un padre con su hijo, contra todo lo razonable en algo tan claramente peligroso. Desaparecen. Se mueven al rescate varios países. No escatiman recursos. Todos los periódicos y televisoras hablan de ello. No importa si el ruso destruye un país, si todas las tragedias del hombre ocurren una a una, esto paraliza el mundo.
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