Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

abril 07, 2026

Luna



¡Pobre luna! Dónde el hombre pone el ojo, pone la bala.


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Luis Fernando Gutiérrez Cardona

La mirada y el vacío

¡Pobre luna! Donde el hombre pone el ojo, pone la bala.

La historia humana sangra esta paradoja: cuanto más afilamos la observación y el cálculo, más se cierra el ojo al mundo. La Luna, contemplada como poesía pura, es ahora medida como tablero de guerra, proyectando en ella las ambiciones que han hecho de la Tierra un infierno. La noticia de lo que pretenden con en el satélite  minería espacial, militarización, colonización— corona una lógica enferma: todo, lo celeste y lo terrestre, rebajado a "recurso". Rompe el alma.

No es ignorancia, es eficiencia que mata la ética a traición. Hannah Arendt lo vio: la banalidad del mal no pide monstruos, sino tipos cultos, técnicos, burócratas que hacen su pedazo del horror sin pestañear. La Alemania nazi fue su laboratorio: las mentes más brillantes del derecho, la ciencia, la filosofía, entregadas a una máquina que devoró humanidad —la de ellos mismos y la ajena. En Nuremberg, los juzgados no pidieron perdón; eran piezas, y los ganadores se quedaron con las útiles para que el engranaje siguiera girando. Heidegger, nazi entre nazis, enmarcando el mundo en su Gestell mientras el cielo ardía.

Una anestesia social nos inunda de información que no nos toca el alma. La democracia se rindió: al "loco al mando" nadie lo para, los contrapesos son polvo. El Congreso decide por mayoría, la Corte claudica ante Yo, El Rey. Los cínicos del poder destruyen desde despachos fríos, y los miramos de lejos, ahogados en la inmediatez digital. Esta desconexión es educación rota: fabrica engranajes de "me gusta", no almas enteras.
Me da ganas de llorar por eso, por la conciencia destrozada.

Lo sagrado, ese "temor de Dios" —respeto por lo que limita el capricho—, no se fue solo: lo borraron a propósito. Sin ese techo, quedamos solos con nuestra desmesura, desnudos y feroces.

La Luna es espejo cruel. Su quietud invade nuestra mezquindad, nuestra ceguera. Seguirán haciendo del cosmos extensión de ruina, porque el mal no está en la tecnología que apunta arriba, sino en el espíritu seco que no sabe mirar. El gran salto humano es farsa si solo hablamos en lenguaje vacío.
No. No "vamos" a la luna. El "nosotros" tiene amo, y duele. Ya no se puede tomar la luna a cucharadas ni sirve para todo aquello que cantó Jaime Sabines en su poema.


 






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