Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

febrero 02, 2019

Esperanza y desespero





Luis Fernando Gutiérrez-Cardona




Hace años —no tiene objeto decir cuántos, mi memoria en eso amarillea— me pidieron escribir sobre un tema: ¿cómo imagina el mundo en el año 2020? Lo hice, pero no recuerdo bien qué dije. Estoy seguro de que frente a mí mismo afirmaría que no viviría en ese tiempo porque el año dos mil fue mi limite. Encontraba inconcebible de todas las maneras superar o siquiera llegar a ese punto.

Eran tiempos de la guerra fría, de la autodestrucción mutua garantizada. Era el tiempo en que todavía nos sentíamos tocados con los viajes del hombre al espacio, por la NASA y por la novedad de los trasplantes. El doctor Barnard llenaba las revistas de la ciencia y del corazón. Asumo que amarré mi visión a esos hechos.

Sostendría que, si había mundo habitable después de las bombas nucleares, o si no las hubiese habido, se viviría en una época de bienestar generalizado pues el hombre sabría satisfacer la totalidad de las necesidades de todos ellos. Cómo se hablaba del control natal no seríamos tantos tan innecesarios. Supondría, esto lo recuerdo, que existiría si no un gobierno mundial si una justicia mundial. Que los conocimientos científicos en materia de medicina serían asombrosos y al alcance de todos. Imaginé, como no hacerlo, un mundo mejor, eso es seguro, más que en paz todo sería más pacífico y trabajaríamos menos.

Debo hacer cacería a esa nota, no era todavía el tiempo en que se guardaba en computadores lo que se hacía ni existía la internet. Se escribía directo en la IBM eléctrica de reciente cuño y se entregaba el original para su publicación. ¿Qué falta hacia dejar copia si allì quedaría?

Anoche mientras pasaban las horas pensé ¿qué de lo imaginado ha ocurrido? Nada, me respondí. En el contexto todo es igual. A un año del 2020 en lo sustancial el ser humano no ha cambiado sus argumentos, su comportamiento ni sus motivaciones. La búsqueda del poder, la satisfacción de los deseos primarios, las drogas, todas esas cosas producto de una libertad recién ganada entonces, el abuso, la violencia, la esclavitud, siguen iguales. Al contrario, ha aumentado el desespero, la angustia, la soledad multitudinariamente acompañada. La sociedad no se renueva sino en oleadas de etiquetas volátiles. Las cosas que le daban coherencia -tribu, familia, religión, constitución, principios, entre otras- se han desgastado o desaparecido o reemplazado por jaurías sociales manipuladas y manipulables. La guerra sigue ahí por y para lo mismo. Sobreviven las religiones que alientan fanatismos. El catolicismo se deshace porque haciendo aparte sus equivocaciones de comportamiento, nadie cree en las virtudes ni poderes de un crucificado y su virgen adjunta. Tampoco en camellos voladores ni paraísos de leche y miel. El Papa es un escéptico, los imanes unos locos, los pastores unos ambiciosos acumuladores. Los grupos familiares son uno más uno más uno en que cada uno es un sustituto. Igualdad, derechos, pansexualidad, asexualidad, desaparición de los géneros, también de las especies, en medio de información superflua que se vuelve en contra pues somos mercancía. En el ciber mercado, compradores y comprados al mismo tiempo. De acorralados, pasamos a enjaulados pantallodependientes. Ya casi ocho mil millones de inútiles cuerpos sin alma o almas sin cuerpo haciéndonos falta artificialmente.

Trabajamos aún de sol a sol para pagar la luz de la noche; las estrellas están, literal y espiritualmente, cada vez más lejos. Y la luz de la luna ¿para qué? Se venden fotones, ¿por qué quererlos gratis?

Pero una cosa es clara: la tierra, el mundo, esto que peyorativamente dio en llamarse 'el planeta', sigue siendo un portento de recursos, bondad y aguante.

La esperanza engañosa es lo que pusieron en último momento los dioses en aquella caja de la que Pandora dejó escapar los males. La esperanza: el más perverso porque garantiza la supervivencia de los otros males y de los propios dioses que para ser dios hay que serlo de alguien. A la que le surgió, esto si por obra de los hombres, un alter ego: la ciencia que la alienta.

El signo de los tiempos es una multitud de personas que dentro de un museo lleno de obras de arte y esculturas y maravillosas cosas que ver, tienen sus brazos levantados con sus cámaras en ellas dirigidas a si mismas. La selfie horrorosa que luego publican en Instagram: “Yo”.


Qué esperanza, sí. Y qué desespero.

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