Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
1. Cuando dijeron que no se podría consumir licor en los parques -ni drogas- me pareció excesivo, pero concluí que dado nuestro nulo sentido de lo común, era razonable. La prohibición existe en muchos lugares del mundo. Alguna vez en Guanajuato compré una cerveza e iba tomándola por la calle hasta cuando otro turista me dijo: cuidado, no se puede; te lleva la policía. Otro tanto vivì en Las Vegas. Hay lugares en donde no se puede tener una cerveza, aún cerrada, en el interior del vehículo, aunque si en el baúl. Pasar aqui por el parque de El Cable era hasta la norma, y lo volverá a ser, traba fija porque el aire estaba cargado de canabis. El punto es que ese parque, u otro, adquiere ese carácter y deja de ser público porque se hace privado de los consumidores. Bueno: la Corte, dificil distinguir entre constitucional o celestial, dice que el libre desarrollo de la personalidad propia prima sobre el libre desarrollo de la personalidad de cualesquiera otros y ya podré abrir una botella de vino en el parque de Palermo, si los marihuaneros del lugar lo admiten.
2. La prohibición no disminuye la demanda. El permiso aumenta la oferta.
3. La Corte celestial dice que si la niña parece de catorce aunque tenga doce, el hombre puede accederla carnalmente, violarla, porque ¿qué culpa tiene la estaca si el sapo brinca y se estaca? Dentro de poco resurgirá la ira y el intenso dolor. El derecho de matar por un madrazo, por una mirada o porque me pareció que me miraba feo.
Mi ñapa: programación genética, mientras más grande el pecado mayor y más merecido es el perdón.
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