Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
Llega más o menos a la misma hora cada noche con su pelaje recién cepillado y sus moños en la cabeza y de un salto se echa sobre mi pecho. Me mira a los ojos mientras trato de salvar de la intrusión el libro, la tableta o lo que sea que tenga en las manos y ella, despacio, acerca su rostro al mío a veces con precaución, a veces con preocupación, siempre con alegría. Mece su cola y espera que tome su pequeña cabeza entre mis manos, que le diga cosas que asumimos entiende, y que le de una vuelta para, patas arriba, sobarle la barriga antes de invitarla a hacerse a un lado. Obedece la indicación. Busca acomodo con su cabeza hacia el televisor que no le atrae y minutos después parece desconectada de este mundo. Se vuelca sobre su lomo, no se mueve. Aunque parece que soñara o que quisiera decir algunas cosas y reacciona al instante.
Vida de perro, dicen, pero ¿es válida la afirmación? Veo en esta compañera de viaje y en otras que lo han sido, seres dotados de una gran dosis de perspicacia y capacidad de conectarse. Quizás no todos los humanos lo percibamos de la misma manera porque estamos condicionados a ver los demás seres sintientes como inferiores, bestias, brutos. Giran en todo caso y se desplazan y comportan de la manera como uno lo hace con ellos. Incluso mejor de como lo hace uno.
Quizás, al mirarlo a uno, piensen: “qué vida, la de los humanos”.
©lfg-c
Epicuro
"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago
Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.
julio 10, 2019
Vida de perro
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