Tomaba un café en juan valdez, tarde de viernes, y en la mesa del lado se contaban sus historias. Una persona decía a otra: "tal vez hoy encuentre el amor de mi vida", la mire sin que se diera cuenta, estaba bien, 20 o así, y seguía hablando de sueños e ilusiones. La compañía, mucho más joven, me miró sin interés. La charla no se interrumpía con la actividad de las pantallas y sus dedos frente a los ojos. Mencionaron sus nombres mientras hablaban y me dije que los recordaría pero salí y diez metros más allá los olvidé. Igual nada me incumbe. Pero es interesante escuchar, en el final del camino, a quienes están iniciándolo en este tiempo sin aroma, sin pasado y casi casi sin presente. Cuidado: ¿las ilusiones no son de por si cosa del futuro? ¿Y los sueños? Tal vez hoy encontremos el amor de la vida: está por ahí, agazapado, a la vuelta de una esquina, en el parque del lado, en la cola para atravesar la calle, en una pantalla o entre los miles de millones de mensajes y selfies que se cruzan en las redes. O aquí mismo. No es necesario buscarlo, llega cuando llega. Besamos con los ojos. Después, el destino nos bate y nos abate. A veces nos deja convertidos en pasta de moldear, en recurso para tapar resquicios, en compromiso que se salda al saludar con cuatro letras o dos silabas. Una vez a la semana nos dicen un "hola" desabrido y desesperanzado. Des-enamorado. Como una concesión. Y lo pensamos.
Epicuro
"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago
Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.
enero 24, 2020
La mesa del lado
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