Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

febrero 07, 2020

Voces para después





Claudia Marcela:


No me tomo fotografías y evito, en lo posible, que me las tomen o aparecer en ellas. Las fotos, esas de mi, de cierto, no son un aporte estético para mí o para otros, y en materia de recuerdos soy el otro para muy pocas personas que tienen otros otros que llenan sus mentes y sus corazones. Hace unos días al tomar el ascensor del apartamento me miré en su espejo -cosa que, se da por descontada, hago poco-,  tomé el teléfono y le hice una foto a la imagen. Una foto al espejo no vale como selfie, teóricamente. Lo que vi me indicó que algo estaba pasando con mi cuerpo, Me observé como quien observa su espíritu. Algo se estaba moviendo o algo pasaba conmigo físicamente, se entiende, más allá de lo visible. Pues se dio así: en estos días llevé una mano al hombro y toqué los huesos. La ropa se amplía de tamaño y navega ya no sobre músculos o carnes sino sobre la estructura. La cara cabe en una mano. Los doctores intentarán poner remedio. Tengo que creer que lo conseguirán y confiar en ello. Aunque,  quienes me conocen, saben que desde siempre he hecho chistes sobre lo inconveniente de un ataúd demasiado pesado. Claro, ya no existen ataúdes si no un tránsito expedito al fuego, al humo.
El menos infeliz de todos es el muerto. En fin de cuentas está, en este punto, si oyen esto,  no solo muerto sino requetemuerto. Pero a los muertos les gusta hablar. Dicen una última frase del tipo “luz, más luz” como Goethe, o se las agencian para sugerir un epitafio o para dar muchos consejos sobre lo que no hicieron cuando pudieron. O para expresar los sentimientos que callaron. Fui un espíritu parlanchín y lo dicho, dicho está. Tuve una buena vida, de valles y colinas, pero sin cumbres y sin abismos. Tuve una familia sanguínea en que los afectos no requieren de esquemas y una familia ampliada en la que nos integramos con la naturalidad con que se respira. Mi familia laboral, en todos los casos, fue afectuosa.  Me hice de amigos fantásticos que me roderon siempre sin aspavientos, sin grandilocuencias y sin declaraciones. Gracias Omar Antonio García, Efraín Sánchez, Alvaro Mejía, John Jairo Osorio.
Gracias, Angela María.
El universo es una máquina caótica bien ordenada. Sigue su curso sin que la detenga ninguno de los dramas humanos todos tan pequeños para él como grandes para uno. 
Ahora, en unos segundos, como dice Serrat, “vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”.
Todo lo que uno considera trascendental se reordenará en un instante.
Sea que se luche a favor o en contra del destino, este ganar siempre. Por economía  lo hice a favor, sin reservarme nada.
Gracias les dice, desde la vida, Luis Fernando Gutiérrez. Agradecido.



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