Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

septiembre 21, 2020

Anotaciones

 

Cuando hube leído el libro, la biografía famosa,
Me dije: “¿Es esto lo que el autor llama la vida de un hombre?
¿Y escribiría alguno así mi vida cuando yo haya muerto?
Como si, en realidad, alguno supiera algo de mi vida.
Pues yo mismo, a menudo pienso, que muy poco es lo que sé de mi propia vida.
Solo algunos indicios, unos pocos rastros acá y allá.
Los que aprovecho para mi uso y registro aquí.
—Walt Whitman  




Soy Luis Fernando Gutiérrez Cardona (Pensilvania, 1953). Mis bisabuelos y abuelos vinieron como los de casi todos de Antioquia, de Abejorral y Salamina y uno de ellos, don Marco Agudelo, fue si no el primero el segundo maestro en el pueblo. Mi padre llegó desde Santuario, un pueblo al occidente de Caldas, hoy Risaralda, desplazado por la violencia política y siguiendo a su hermano el Padre Felipe Gutiérrez Zapata quien fuera primero párroco en Arboleda y luego párroco en Pensilvania entre los años 1945 y 1955. Mi terminada de sexto en 1970 fue un poco azarosa. Con un discurso memorable y chocante me despedí de los profesores el día previo al grado. Los grandes cambios del mundo ocurrieron en los años 1960 como consecuencia del Concilio Vaticano II pues la nuestra era una sociedad patriarcal y religiosa; de las revueltas de Paris del año 1968, y del surgimiento en los Estados Unidos del movimiento hippie de paz y amor como coletazo del desastre de la guerra de Vietnam. Entendía que los maestros nos mantenían ignorantes de tales cambios -y de muchísimos más- o que ellos lo eran. Pues puse mi granito de arena diciendo lo que pensaba y la cosa no le gustó mucho al establecimiento que aplicó venganza. Guardo no obstante respeto por el entonces rector Hermano Alonso Llano Ruiz, y admiración y aprecio por el hermano Abel Andrés, Jaime Gutiérrez Álvarez, rector durante la mayor parte de nuestro paso por el Colegio Nacional de Oriente. De él tomé mi gusto por Beethoven y la música clásica a partir de la Sinfonía Pedro y el Lobo de Serguéi Prokófiev.
Detesto la manera como Pensilvania despidió a la comunidad de la Salle.
No entiendo por qué perdimos nuestra casa y la rebautizaron con nombres más o menos anodinos y ahora con el de alguien desconocido incluso para nosotros.

He andado por la vida trabajando mucho, leyendo mucho, estudiando mucho.
He visto el mundo, y es grande.
Ejerzo como consultor de empresas privadas en diversas áreas de la economía.
A mis 20 años ya tenía una oficina con mi nombre en la puerta y debajo un letrero que decía “Gerente”.
Recién iniciada mi vida laboral, un amigo infinitamente rico que infortunadamente terminó suicidándose, me dijo: "Luis Fernando, la mejor hoja de vida que uno puede tener es no tener que llevar hoja de vida a ninguna parte". Me convencí de ello.
Me entretengo leyendo y escribiendo para mí mismo sin pretensiones.

No me gusta presumir de otra cosa que de ser “Humano, demasiado humano”, para utilizar las palabras de Nietzsche.
Les ha tocado a ustedes, a quienes dirijo estas palabras, un punto de inflexión complejo en la existencia humana con la pandemia mundial agudizada por un exceso de comunicación. A nosotros también, pero no es lo mismo estar entrando que estar saliendo.
Creo que el éxito depende de estar enfocados y persistir; en aceptar ayuda u obtenerla; y de un poquito de suerte a la que debe contribuirse para que ocurra. ¡Ah!... y de no gastarse la plata antes de ganársela.
Espero que tengan ustedes una vida muy feliz y que transformen el mundo que las generaciones previas, todas, no hemos hecho más que destruir.

 

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