Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
Carlos fue durante su vida, con Toñita, claro está, el aglutinante familiar por excelencia. Su casa abierta siempre para estar allí, para ver un partido, para pasar una tarde, para poner un plato más en la mesa, un marrano o un sancocho en el patio, unas cervezas o unos tragos aquí o allá. Para gozar con cada paso que uno daba porque compraba algo o tenía algún logro. Generoso, compartía la alegría de cada objeto. A todo le atribuía un gran valor así fuera un equipo de sonido o unas medias de cerdos voladores. A veces, conmigo, tenía largas y serías conversaciones sin menospreciar mis decires, sin cansarse de ellos, sin traicionar lo espontáneo, sin discutir mis arrebatos categóricos. O aparecía de improviso en mi oficina, me saludaba con un gesto, me daba la mano y me llevaba un disco, encaletado, o una chocolatina o una mandarina comprada en la esquina. Sin decir más salía con un sencillo hasta luego... Fue fundamental en varias cosas de mi vida. Pasó de improviso hace hoy cuatro años. Gracias por tu existencia mayor de mis hermanos. Te fuiste lleno de orgullo por tus hijas y amor por tus nietos que apenas disfrutaste. Cada día, sin falta, estás en mis pensamientos y en mi corazón 'ya terciopelo ajado'. Fuiste un abrazo permanente para todos entre los cuales nunca faltaban quienes ya habían partido. Mi alma y mi ser le deben lágrimas a tu muerte...
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