Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?Groucho Marx
Resultó que en realidad nada es como en las novelas o las películas. No hay pasillos secretos que lleven a refugio seguro a los congresistas de los Estados Unidos en caso de un ataque. No hay un tren debajo del capitolio que los traslade velozmente a un lugar con comunicaciones, comida y alojamiento para días o meses. Bastó que unos cuantos individuos algunos vestidos de payaso, se arrojaran, decididos y espoleados por el propio Presidente, contra las paredes, las puertas y las ventanas del edificio, para derrotar a toda la parafernalia de seguridad que cuesta setecientos cincuenta mil millones de dólares al año. Se filtraron por los pasillos, por las oficinas, por donde quisieron. Pusieron las patas sobre el escritorio de la presidente de la Cámara, vandalizaron el edificio, robaron y hasta murieron, mientras los congresistas corrían como gallinas buscando refugio en cualquier parte con una modesta máscara antigás como única defensa. Y el poder aguantó. Los militares esperaron a ver quien ganaría el pulso y hasta no estar seguros de ello no fue la Guardia Nacional a poner las cosas en su sitio y recoger los miedosos congresistas de los cuales ni uno tan solo tuvo valor para enfrentar la situación. Todo esto muestra qué frágil es la democracia, qué fácil alguien determinado consigue sus objetivos. Esta vez no lo lograron pero ya saben que pueden.
El mensaje amenazante de "volveré" que Trump dejó en el aire recuerda a Alemania. Toda Alemania siguió a Hitler y por mucho que la responsabilidad se centre en éste, todos los alemanes tuvieron que ver con el desastre de la segunda guerra mundial y cada alemán es responsable del holocausto y cuanta barbaridad ocurrió en ella porque no fue Hitler el directo ejecutor: alguien hacia lo que ordenaba y todos pensaban como él. Se vio que setenta y cinco millones de americanos podían ser convencidos por la mentira a la mejor manera de Goebbels. Y que Hitler sigue vivo.
Se abrió un juicio digno del extraño mundo de Subuso. No importan los hecho, importa el relato. Las cosas no fueron como las vio todo el mundo a través de la televisión, sino como algunos dijeron que fueron. Las preguntas y las respuestas en el Senado eran de niños y negación de la evidencia palpable. Y, aunque la mayoría lo declaró culpable, el responsable quedó exonerado por falta de votos.
Curioso dato: en el Índice de democracia de la revista The Economist Estados Unidos ocupa un modesto puesto veinticinco situándose en la franja de las democracias imperfectas. Colombia, por curiosidad, en la misma franja, ocupa el puesto numero cincuenta.
Tal vez tampoco sea cierto que debajo de la Casa Blanca hay refugios contra armas atómicas y ya se vio como El Pentágono fue atacado por un avión, si es que lo fue.

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