El que odia estar solo,
se odia a si mismo.
Yukio Mishima.
Hace falta tiempo pero el ser humano pasa de sólido, a liquido, a gaseoso. Se construye, se cuida, se deja, se abandona. Con suerte y desidia, se verá derrumbarse. Lo concreto que duraría para siempre, el amor, el conocimiento, el prestigio, la fortuna, se hace blando, se deshace, se licua, se esfuma. A los ojos también de los más cercanos se vuelve despreciable o cuanto mucho y mientras desaparece polvo o agua, fósil. Si no se quiere ser cuadro amarilloso, desnivelado y polvoriento que cuelga de una puntilla mohosa en la pared desconchada, hace bien en volcarse en si mismo; si, ensimismarse con sus cicatrices y sus mermas, con su corazón y sus tripas reparadas, mientras vive de la valía que se de sin mostrarla a nadie.
Por el respeto que habrán dejado de tenerle, hace bien en apartarse sin sueños. Mientras duerme.
Y rumiar a Jack Kerouac:Un día estarás tumbadoallí en un delicioso trancey de pronto una calientebrocha enjabonada te seráaplicada en la cara—lo tomarás a mal—un día elempleado de la funeraria te afeitará

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