¿Mi gente?Mi gente eres tú.
—Luis Cernuda
Dentro de diez días acabará el tercer semestre de este 2020 interminable. Cada vez me sorprende cuando en la conversación se desliza, se deslosa, el nombre de alguien conocido a quien también se llevó el virus chino maldosamente fabricado, perversamente liberado; o cuando asocian hermanos, parejas, padres e hijos que aquella se llevó, uno enseguida del otro. El mundo bosteza, se estira, se levanta. Para muchos este tiempo ha sido la mitad de su vida, para otros toda. Nada se detiene, aunque aparenta que si. Por millones se lanzan a las calles a ganarse el sustento de cualquier manera, a pedir o a protestar... pero la muerte, en todos los casos y de todas las formas, sabe que este es su territorio. El drama, los millones de vacunas, los políticos gozosos de su basura. Las cosas acabarán, si acaban, cuando acaben. O cuando acaben de apariencia. El Dios perezoso no asoma aunque en verdad nadie se lo pide, ni confía -ni su séquito, ni su vicario en la tierra- en que lo haga. Se agrega esta cierta sensación de abandono y desamparo, de que lo que pegado con babas se despega, de que no solo han muerto los muertos, sino que muchos vivos entramos en la dinámica veloz del recuerdo y el olvido.
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