Ahora que "los vándalos" tumban estatuas no propiamente de "la gente de bien", que Belalcázar no era santo -ningún conquistador, ni convertidor, puede serlo por razones obvias- y no lo fue Gandhi, y tampoco Teresa de Calcuta; y eran dueños de esclavos "los padres fundadores"; y por razón de Jesús alimentaron la hoguera desde brujas inexistentes hasta Giordano Bruno que pecaba de mirar las estrellas, Don Humberto de la Calle merecería una aunque fuera solo por haber podido plasmar en concreto sus ideas en una constitución y unos acuerdos de paz que paz trajeron. Realizarlas es ya otra cosa. Quedaría bien una calle que se llamara De la Calle: vivo en la calle De la calle...
De paso, toda etiqueta discrimina. Uno no debería participar en ese juego.
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