Anoche reflexionaba sobre los párpados. Una pulgada de largo por media de alto, un telón pequeño. Algún poeta dijo, en forma de haiku:Entre la luz yla sombraun abrir y cerrar de ojos.Sin embargo, lo anterior es incompleto. Los ojos están siempre abiertos, son los párpados los que se abren y cierran y tienen en si la potencia de la luz y de la oscuridad. En la vigilia no están quietos mucho tiempo, pero sus movimientos apenas son captados si se piensa en ellos. Cerrados, en sueños, los ojos a veces pugnan por actuar por si solos pero los párpados, inmóviles, frustran sus deseos, y la mente encuentra entonces las imágenes mediante los sueños. Qué extraño y portentoso es todo ello. Una pequeña y muy delgada porción de piel ofrece el mundo o lo oculta. Las pestañas parecen un adorno pero son los aleros que dan sombra y retienen polvo y suciedad. Sirven los párpados también para invitar al amor cuando fijos los ojos en alguien, le hablan mediante ellos y se hacen uno con el rostro y la sonrisa. ‘Tus ojos son como palomas detrás del velo’, cantó Salomón.
Maravillosos y amados párpados: el tiempo los hace pesados. menos flexibles y en todo caso mucho menos coquetos. Yo les agradezco lo que me han dado y me siguen dando, así como el reclamo que me hacen: antes de caer por siempre hay más por ver, llévanos a otra parte.
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