Suelo arrimarme al abismo hasta cuando noto que las piedras abajo mío empiezan a desmoronarse. Aguanto aún así. Doy el paso atrás mínimo que evite resbalar. La boca del abismo atrae. A veces voluntariamente, a veces por un empujón, termino en ella. A veces una linea de vida me sostiene y aunque la sigo mirando, me aseguro. Si tengo que asegurarme con antelación es que otro tomó el control.

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