"Soy un ascético de la religión de mí mismo. Una taza de café, un cigarrillo y mis sueños sustituyen cumplidamente al universo y sus estrellas, al trabajo, al amor, incluso a la belleza y a la gloria. No tengo casi necesidad de estímulos. El opio lo tengo yo en el alma". Eso dice Fernando Pessoa.
Los médicos quieren que deje el café; al cigarrillo no le marché nunca. Me quedan los sueños, estos y solo estos son mi opio y no los entiendo como tal. No quiero nada que, aparte de mi mismo, me enajene o comprometa.
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