Un día entre las diez mil millones de personas del planeta disponibles en el helado metaverso, me fijé en usted.En un universo reducido y factible, no estábamos al otro lado del mundo sino al otro lado de la calle.Atravesé la vía. Con cuidado me aproximé.Me concedió un saludo. No tenía obligación de más y ni de eso.Luego, su espalda que ya no se deshizo nunca, se deslizó en la multitud.

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