La corrupción se irriga de arriba abajo, verdad de perogrullo. Leer la reciente sentencia de la corte suprema de justicia en el caso del magistrado presidente de la corte constitucional Pretelt de la Vega, sería ridículo si no fuera tan dramático. El asunto se centra en un pedido de quinientos millones para influir en el trámite de una tutela ¿quinientos?, pregunta asombrado el abogado que sirve de puente por ser paisano y exhibir conexiones: "es que soy de provincia y no entiendo esas cifras". Si, sugiere el magistrado, contratan al abogado y exmagistrado Escobar, con esa plata se le da a la señora equis y el niño ye vinculados al juez a quien le correspondió el caso pues es muy honrado y no le gusta la plata pero yo si le hablo. Al propio abogado, que fue el denunciante, también le ofrecieron su palada que se negó a recibir por lo cual le dijeron: “ah, bueno… esto le ayudará a los aguinaldos que [el ahora condenado] debe dar este diciembre”. Han pasado años que ha disfrutado en libertad los beneficios que el cargo deja, entre los cuales posiblemente la más alta de las pensiones. Otro magistrado de esas llamadas “altas cortes” -bajas por lo demás- anda huyendo y uno más también fue condenado o recondenado recientemente. ¡Formaron el cartel de la toga pa'levantar billete!
¿División de poderes? Eso no existe. El cruce constante entre nombrados y quienes los nombran, los favores, los puestos para las esposas, los hijos y los allegados que aseguren entre todos las pensiones millonarias, el ráscame la espalda que rascaré la tuya, hace a todos los poderes no equilibrados sino codependientes. De lo que me des te doy, dice el congreso al gobierno y el gobierno al congreso y en el coche del tesoro nacional cuidan lo suyo disfrutando lo de todos y haciéndolos pagar.
El saqueo que se preludia en el sistema de salud y el pensional. El deterioro del valor de la acción de Ecopetrol y su parálisis (mientras Escocia basa su pedido de nación independiente en su recurso petrolero, aquí quieren que se esconda quien sabe por qué oscuras razones). “Soy el presidente, soy el jefe de todos”. Con la chequera, lo es.
Le funcionó a Luis XIV pero le cayó la ducha fría al gordo capeto por ello, sin que cambiara nada. La escopolamina tan mentada estos días en esta ciudad, en pequeñas dosis para estar anestesiados, cubre todo el territorio de esta patria indolente, que así nació. Lo supo en ese balcón el señor Acevedo y Gómez: “Santafereños: Si dejais perder estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y febril, antes de doce horas seréis tratados como sediciosos; ved los grillos, los calabozos y las cadenas que os esperan.” Cómo no recordar esto que aprendimos en la escuela primaria, cuando lo dijimos con patillas pintadas con un corcho quemado, al izar la bandera. Ahora, creo, ni historia patria se enseña ni hay historia.

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