Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

mayo 22, 2023

Nocturno










Visitación: «-Soy la Muerte- me dijo. No sabía / que tan estrechamente me cercara, / al punto de volcarme por la cara / su turbadora vaharada fría. / Ya no intento eludir su compañía: / mis pasos sigue, transparente y clara / y desde entonces no me desampara / ni me deja de noche ni de día. / -¡Y pensar -confesé-, que de mil modos / quise disimularte con apodos, / entre miedos y errores confundida! / «Más tienes de caricia que de pena». / Eras alivio y te llamé cadena. / Eras la muerte y te llamé la vida».

Me gusta pensar en poesía porque con ella se dicen cosas que de otro modo no se puede. El soneto de Alfonso Reyes alojado en mi IA, para qué ya bibliotecas, lo reafirma. 

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Decir "el destino" tiene una connotación fatalista. Una sinonimia con el nihilismo. Occidente, efecto del cristianismo, predica que el hombre es arquitecto de su destino. Oriente piensa que todo está ya conectado. Buda dijo "Esto es porque aquello es. Esto se manifiesta porque aquello se ha manifestado". Todo se conecta. Se incluye.

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Alguien en esta extraña semana dice en plan de reproche: "yo pago con mi cuerpo". No sabe cuánto aportó su frase a mis desvelos. Ni cuánta tragedia a la existente. El cuerpo, humo y cenizas contenidas, paga.

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La noche avanza. Son las tres. En el aire Joaquín Sabina canta:


Y aprendí que estar quebrado
No es el infierno de Dante
Ni un currículo brillante
La lámpara de Aladino
Cuando me hablan del destino
Cambio de conversación.

 

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Unas páginas de Marguerite Yourcenar se abren a mis ojos:


"Conviene que mencione aquí una costumbre que me llevo durante toda mi vida por caminos menos secretos que los de Eulises, porque al fin y al cabo son paralelos: me refiero al estudio de los astros. He sido siempre amigos de los astrónomos y clientes de los astrólogos La ciencia de estos últimos es incierta, falsa en los detalles, quizás verdadera en su totalidad. : Pues si el hombre, parcela del universo, está regido por las mismas leyes que presiden en el cielo, nada tiene de absurdo buscar allá arriba los temas de nuestras vidas, las frías simpatías que participan de nuestros triunfos y nuestros errores. Jamás dejaba ver de cada anochecer de otoño, de saludar al sur a Acuario, al copero celeste, al dispensador bajo el cual he nacido. Nunca olvidaba verificar los pasajes de Júpiter y Venus, que regulan mi vida, ni de medir la influencia del peligroso Saturno. Pero si esa extraña refracción de la bóveda estelar preocupaba más mis vigilias, aun mas me interesaban las matemáticas celestes, las especulaciones abstractas a que dan lugar a esos cuerpos inflados. Inclinábame a creer, como algunos de nuestros sabios más atrevidos, que también la tierra participa de esa marcha nocturna y diurna que las Santas Procesiones de Eulises simbolizan en su humano simulacro. En un mundo donde todo es torbellino de fuerzas, danza de átomos, donde todo está arriba y abajo a la vez, en la periferia y en el centro, me costaba imaginar la existencia de un globo inmóvil, de un punto fijo que al mismo tiempo no fuera moviente. Otras veces los cálculos de la precesión de los equinoccios establecidos por Hiparlo de Alejandría obsesionaban mis veladas, volvía encontrar en ellos, en forma de demostraciones y no ya como fabulas y símbolos el mismo misterio euluesino del pasaje y el retorno. La espiga de la virgen no está en nuestros días señalado por Hiparlo de Alejandria , pero esta variación es el cumplimiento de un ciclo y el cambio confirma la hipótesis del astrónomo. Lenta ineluctablemente este firmamento volverá ser como era en tiempos de Hiparlo. Diera de nuevo lo que es en tiempos de Adriano. El desorden se integraba en el orden: el cambio formaba parte de un plan que el astrónomo era capaz de aprehender por adelantado. El espíritu humano revelaba su participación en el universo mediante teoremas exactos, así como lo revelaba Eulises con gritos rituales y danzas. el contemplador y los astros contemplados rodaban inevitable hacia su fin, marcado en alguna parte del cielo. Pero cada momento de esa caída era una pausa, un hito, un segmento de una curva tan sólida como una cadena de oro. Cada deslizamiento nos devolvía a ese punto en el que por azar nos encontramos y que por ello nos parece un centro.


Jamás desde la noche de mi infancia en el que el abrazo alzado de Marulino me mostraba las constelaciones, me dejo la curiosidad por las cosas del cielo. Durante las vigilias forzosas de los campamentos la luna corriendo a través de las nubes de los cielos bárbaros ; más tarde en las claras noche ática escuche al astrónomo Terrón de Rodas explicar su sistema del mundo, tendido en el puente de un navío , en pleno mar Egeo, vi oscilar lentamente el mástil, desplazándose entre las estrellas yéndose del ojo enrojecido del toro al llanto de las pléyades, de Pegaso al cisne, conteste lo mejor posible a las preguntas ingenuas y graves del joven que contemplaban conmigo ese mismo cielo . Aquí en la villa, hice levantar un observatorio al que la enfermedad no me deja subir. Pero hice aún más, una vez en la vida, ofrecí a las constelaciones el sacrificio de toda una noche. Fue después de visita a Osroe, durante la travesía del desierto sirio. Tendido de espalda, bien abiertos los ojos, abandonando durante algunas horas todo cuidado humano me entregue desde la noche hasta el alba a ese mundo de llama y cristal. Fue el más hermoso de mis viajes. El gran astro de la constelación de la Lira, estrella polar de los hombres que vivirán dentro de una decena de millares de años resplandecía sobre mi cabeza. Los gemelos brillaban débilmente en los últimos resplandores del crepúsculo, La serpiente precedía a Sagitario. el águila ascendía al cenit, abiertas las alas y debajo de ella ardía esa constelación aun no designada por los astrónomos y a la cual dar un día el más querido de los nombres. La noche jamás tan completa como lo creen aquellos que viven y duermen encerrados en sus habitaciones se volvió más oscura y luego más clara. Las hogueras destinadas a alejar a los chacales se fueron apagando, aquellos montones de carbones ardientes me recordaron a mi abuelo erguido en su viña, sus profecías convertidas en ya presente y que bien pronto seria pasado. En mi vida busqué unirme a lo divino bajo muchas formas, conocí más de un éxtasis, los hay atroces y los hay de conmovedora dulzura. El éxtasis de la noche siria fue extremadamente lucido. Inscribió en mis los movimientos celestes con una precisión que jamás me había permitido alcanzar ninguna observación parcial. En el momento que te escribo se cuales estrellas están pasando por Tibur sobre ese techo ornado de estucos y pinturas preciosas y cuales están suspendidas en otras tierras, sobre una tumba. Algunos años después, la habría de convertirse en objeto de mi contemplación, pensamiento a la cual dedicaría todas las fuerzas de mi espíritu que no estuviera absorbida por el estado. Y quien dice muerte dice también el mundo misterioso al cual acaso ingresamos por ella. Después de tantas reflexiones y de tantas experiencias quizá condenables, sigo ignorando lo que hay detrás de esa negra colgadura. Pero la noche siria representa mi parte consciente de inmortalidad."

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