Ser ciudadano no es algo externo y ajeno al ser humano, sino que es constitutivo de la persona. Aristóteles no concibe al ser humano fuera de la ciudad. De hecho, afirma que en ese caso o sería una bestia o un dios. La ciudad, dice, es un lugar donde el hombre puede desarrollarse plenamente y donde se puede encontrar el bien humano, es un lugar donde se puede encontrar la razón del hombre y donde se puede desarrollar el bien humano.
Nuestras ciudades tienen muchos habitantes y pocos ciudadanos. Un alcalde y un concejo municipal que, alejados del bien común, únicamente propugnan por sus intereses particulares, o los de quienes los prohíjan o de quienes los elevan. No buscan, alcaldes y concejales ser solo eso, quieren más poder y más dinero.
Sin embargo, el espacio está colonizado por aquellos intereses o por aquellas aspiraciones. No se trata de ser buen ciudadano, de servir a la ciudad, si no de servirse del cargo como trampolín y como fuente o medio de vida.
La mayoría de la población no puede decir el nombre de uno solo de quienes dicen ser sus representantes, aunque lo sean pues es por votos que allí llegan. Ellos tampoco sienten en el corazón representar a nadie, elegidos son yo para yo. Se vota sin saber por quién.
De que ejercen sus intereses podemos estar seguros, aunque solo sean conocidos entre ellos mismos. Los alcaldes saben como se les compra y ellos como se compra al alcalde.
¿Qué pediría de un concejal? Seriedad en procura de los intereses de la ciudad, no de la administración; que pusiera al ciudadano a quien se debe, por encima de todo; que se mostrara y abriera canales de comunicación para que a través suyo se expresaran las diferentes opiniones y, como no, también los diversos intereses; que fuera accesible; que informara tanto sobre lo que se somete a su consideración como sobre su forma de considerarlo teniendo en cuenta a los electores; que fuera él mismo buen ciudadano. Como dijera Bolívar en el congreso de Angostura, 'que sienta haber alcanzado el sublime título de buen ciudadano, preferible a los que el mundo entero puede dar', y no haber pisado un peldaño en la escalera de sus ambiciones de poder siendo obsecuente servidor de algún amo.
Ni modo. Parece que no hay manera. Conocí a alguien que lo logró bajo ese esquema y renunció a los dos meses pues era imposible razonar frente a la aplanadora mayoritaria e ignorante.
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