Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

junio 10, 2026

Día de las madres

los gutiérrez

 

Día de madres 2026


En mi tiempo de hijo —cuando la vida parecía más ordenada— la madre tenía un lugar preciso. Criaba, sostenía, dirigía el hogar. No se hablaba de roles ni de empoderamientos; se hablaba de deber. Llevaba la casa con una mezcla de disciplina y ternura que hoy cuesta nombrar sin caer en la nostalgia. El padre era el proveedor y la autoridad. Ese reparto, tan rígido como evidente, daba una sensación de equilibrio que era más apariencia que verdad.

 

La vida cambió. Casi de golpe, con ruido y de manera irreversible. Mi madre, ya en sus cincuenta y tantos, cuando el menor de sus hijos apenas salía de la adolescencia, decidió —o tuvo que— salir al mundo laboral. No para realizarse, sino porque había que sacar estos muchachos adelante. Y lo hizo. En ella se vio el tránsito entre dos mundos: la madre en su papel, y en otro sin pedir permiso. Todo al tiempo. Y sin que nadie le quitara peso a la carga original. Sin redistribución.

 

El feminismo, con sus conquistas y sus tensiones, movió las placas tectónicas. La figura del padre quedó en patriarcado opresor y rechazable; la de la madre, como creadora de vidas, se hizo cuestionable. Simone de Beauvoir dijo ya en 1972: "Ahora creo que la familia debe ser abolida.".

 

Y aquí viene la parte que cuesta decir sin incomodidad: el hombre perdió su valor simbólico y real. Cargamos un machismo ancestral que con la mejor voluntad y los códigos de su tiempo alimentaron en la mesa y en la crianza. Entre lo que fuimos y lo que no sabemos ser, algunos quedamos remanente estorboso, informe, que no termina de aceptar que no es el centro. Hay que enterarse, desaprender, asumir la revisión y encontrar un lugar donde estar sin pedir perdón por existir. Eso cuesta.

 

La mujer de hoy —hermanas, hijas, parejas— vive tres vidas simultáneas. Cría y educa. Trabaja y sostiene. Dirige y emprende. E intenta no perderse a sí misma en medio de todo. Lo hace bien. Es objeto de veneración ya no por su supuesta fragilidad, sino por la capacidad de multiplicarse sin romperse.

 

Las mujeres sostuvieron el pasado y el futuro. Lejos de suprimir la dependencia, la han acentuado: madre y mujer, mujer y madre; abuela que aporta, centro afectivo de familia que se expande y ramifica sin perder su eje.

 

Aprendí de mi madre que la fortaleza no está en imponerse, sino en persistir. Y que el amor no se decreta: se construye en la intimidad de la casa, en la manera como nos miramos, como nos reconocemos —o sea como nos volvemos a conocer— y como damos lugar unos a otros. El único camino es el amor.

 

Detrás sobrevive la escena que guardamos: la mano tibia que nos despertaba, el olor del desayuno que anunciaba que el mundo estaba en orden, la voz que sabía cuándo hablar, cuándo callar, cuándo imponer silencio. Ese refugio que no se vuelve a encontrar en ninguna parte.

 

Seguimos por ello buscando a la mamá con la debilidad de hijos. Porque en el fondo queremos enredarnos un momento en su delantal, que ya no existe. Y porque, aunque la vida haya cambiado, el amor que les tenemos sigue siendo el mismo: inmenso, torpe e injustamente silencioso.

***


Y bueno… dicen que uno debe cambiar. Pero viendo cómo nos juntamos todos —sin jerarquías, sin permisos— yo diría que mejor no nos movamos mucho. No vaya a ser que se rompa el vidrio.

 

Día de las madres, junio de 2026


   ©lfgc




 

 

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