Lo que sea que eres, polvo en la pared de la iglesia del barrio.
O si estás sentado en una nubecilla leyendo El Quijote con dios al fondo.
O en el purgatorio aún, y no sería justo, espiando errores que alguno podrían atribuirte.
—En el infierno no, fuiste un buen hombre—
En dónde estés, papá, mi voz de re-conocimiento y gratitud.
Tu presencia en mi no desaparece.
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