Epicuro

"Haec, inquit, ego non multis, sed tibi; satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. "
Epicuro

"Ciegos que viendo, no ven."
José Saramago

Crónicas, escenas y reflexiones sobre el mundo y lo que veo.

agosto 16, 2026

Después del temblor

 

Crónica. Fortuna o encarte

 

Luis Fernando Gutiérrez Cardona

 

La fila avanza despacio, para dejar en ese papel azul un pedazo de su casa. El edificio, al frente, tiene ya la marca: un círculo amarillo con una D dentro. La letra basta.

Mientras nos inscribíamos en la lista de afectados, alguien se acercó con una botella de bebida hidratante. La aceptamos. No así otras cosas que agradecimos diciendo que no eran necesarias. Es un derecho, replicaron: hay que tomarlas. En esos momentos la solidaridad toca por protocolo.

La conversación en la fila evitaba la herida. Quien me precedía resultó ser dueña del apartamento sobre el mío, de cuya existencia no tenía idea, ni ella de la mía. Se hablaba del momento, de cómo lo vivió, de si el edificio podría rescatarse. La mente resolvía con el deseo. Pero la marca amarilla está ahí, quieta, sin emoción.

Hubo un instante, breve, en que la memoria se abrió. Recordamos que allí vivimos un tramo de la vida. Fue una punzada limpia, como si el cuerpo reconociera un territorio que todavía le pertenece. La emoción alcanzó a aparecer. Apenas un instante. Después volvieron la fila, el trámite, la ciudad.

El recurso de “para otros es peor” suena artificial. Aquí no hay escalas: cada quien pierde lo suyo, y lo suyo es suficiente.

En una semana alguien dirá que esa basura estorba, que hay que moverla, que hay que pagar por ello. Lo íntimo se vuelve obstáculo.

Por eso pienso que los amigos que se hacen solidarios no deberían gastar en comida. Toneladas de alimentos llegan. “De hambre nadie se muere habiendo qué comer”, decía mi madre. Lo que realmente se quiebra es otra cosa: el ingreso, el trabajo, la continuidad. A opinar un poco de dinero para quien se quedó sin empleo, para quien deberá cerrar su negocio, para quien enfrentará los gastos específicos que la vida, irremediablemente, exige.

La vida no se detuvo. No lo hace nunca.

A eso lo llamamos fortuna, aunque —según se mire— también podría llamarse de otra manera.

 

No hay comentarios.: