Luis Fernando Gutiérrez Cardona
Amanecer
Le escribo cosas. Sé bien por qué.
Esta mañana, al mirar las montañas del oriente, algo —un viento amable, una señal leve— pareció venir desde donde está hasta aquí.
En mi mesa, el sello con su nombre respira como si supiera algo. No lo invoco. Lo dejo estar, como se deja estar una huella.
Las palabras reposan. Se afinan solas.
Cuando ya dicen lo que quiero, las guardo.
No hace falta enviarlas.
Se quedan en mi pensamiento, donde no incomodan.
Estrujan un corazón, pero es el mío.
Que sabe bien hablar con el silencio.
Estas tampoco debían salir.
Pero, pues, se deslizaron.
***
Envío
tal vez no lea esto, pero si lo hace sabré que aún vivo.

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