A veces me pregunto hasta qué punto es razonable dudar en decir un te extraño que brota espontáneo del espíritu. El silencio es un arma poderosa y destructora al dejar que se imponga. Prefiero una palabra aunque sea un "no" definitivo, aunque sea la palabra "adiós". Alimentamos miedos, estamos entrenados para tenerlos y hacerlos lo más importante, aunque nos esclavizan.
Yo creo en la magia de un atardecer, en el poder de las estrellas, en la fuerza del espíritu. Creo que todos tenemos un dios adentro y que cada uno de los demás es un dios, aunque no solo para sí que es lo deseable. Buscamos un barbado todopoderoso porque tenemos que ligarnos de algún modo.
Creo que envolverse en si mismo es lo que es: ovillarse. Pero si el ovillo no se deshace no puede hacerse tela para un bello vestido, o un hermoso bordado, o una manilla tejida para regalar a quien queramos. Sé con el poeta que las manos que se despiden son pequeños pájaros que van muriendo. Se muchas cosas que no se o que no digo. Sé decir te quieros a la luna y hacer sentir su magia a un corazón.
Decir te deseo es mi más elevada manera de decir te amo.
Pero tal vez no esté ahí. Tal vez haya sido una aparición en la imaginación, o el rayo de luz de una puerta que apenas se abrió por un instante o una creación mental o una sombra. Para mí, es real. En todo caso para mi eres real.
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