No sé qué hora sea en el día de mi vida. Por el trabajo son como las cuatro y diez (de la tarde), por el amor como las diez y cuatro (de la noche). Por la vitalidad como las ocho, casi las nueve. Aunque mis pasos se acercan a las once post meridiem, mi corazón apenas amanece y mi cerebro aún no se estrena.
En mi mesa de noche un poema de Elías Nandino se abre....
"Después de lo gozado
y lo sufrido,
después de lo ganado
y lo perdido,
siento
que existo aún
porque ya,
casi a la orilla
de mi vida,
puedo recordar
y gozar
enloquecido:
en lo que he sido,
en lo que es ido..."
§

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