Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
Algunas veces sentimos que debemos desenfundar el alma y disparar con ella. Lo hacemos sin tener en cuenta que los tiros llegarán donde apuntemos, es decir a nuestro entorno más inmediato, a quienes más queremos o más nos quieren; en todo caso a quienes nos rodean porque con quienes no queremos o no nos quieren no nos juntamos o procuramos estar lejos de ellos. Pero, ay, en ese momento decimos cosas que guardamos, cosas que sentimos, cosas que callamos. Al herir salimos incluso más heridos. Verdades absolutas que una vez confrontadas bien pueden no ser ciertas. No importa lo que pase. Luego, como el pistolero en las películas, soplamos el cañón, damos tres vueltas al alma entre los dedos, y la enfundamos de nuevo. Montamos el caballo como si nada y con un golpe de rienda avanzamos. Quizás quede un cadáver, o dos, tendido sobre el polvo que marcará las huellas.
Se llaman a si mismo, humanos.
Cuando algo muere en realidad se muere.

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