Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
Hay en Sanguaré, reserva natural a unos minutos de Balsillas en lancha, una ciénaga en la que en las noches sin luna el plancton luminiscente se deja ver al mover el agua. Es algo maravilloso. Como la noche era de luna llena llegamos a las cuatro de la mañana cuando se estaba ocultando, lo cual de por sí hubiese pagado el viaje. Al caer al agua te ves rodeado de miles de lucecitas amarillas. Te sientes sumergido en una vía láctea en miniatura de la que eres el centro y miles de imágenes, decenas de asociaciones, vienen a tu mente. Son como la vida o como el amor: está a tu alrededor pero te tienes que mover para que surjan y dejarse atrapar y sorprenderse. Cuando dejas de hacerlo no desaparecen, siguen ahí a la espera de que te muevas para brillar de nuevo. Es demasiado hermoso y tiene la magia de no poderse captar con ninguna cámara. Si no estás ahí no puedes verlo. Vivir por ver, vivir para ver.

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