Es muy sencillo. Tu piel para mí piel acaba en ti, como mi piel para tu piel acaba en mi. No hay mundo fuera de ellas. En ellas empieza y termina el universo. Podría probar solo con cosas lindas aún a riesgo de no hablar en absoluto. Ningún recuerdo; solo ahora. El precio se vería compensado como quien después de años de tener en su corazón un lugar lo visita de nuevo y se plantea, al verlo tan lejos de sus sueños, si mejor hubiese sido no haber venido a verlo otra vez. Solo pensar en pensarte te hace más que pensamiento. Pensarte —contemplarte en la lejanía— me alcanza para desearte, tocarte, abrazarte, poseerte, amarte. En mi, tú. Volver a amar es imposible e innecesario. El vaso se colmó sin derramarse. No vuelve a amarse lo que ya es amor.
©lfg-c
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