Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
Hoy leo un verso que me estremece. "Yo he encontrado en sus flores la fragancia de los antiguos mayos", dice.
Aquellos mayos luminoso llenos de sol. Abiertos. Con una alegría que hacía que el espíritu descansara de los sufrimientos de la cuaresma y la semana de pasión. Las cruces se envolvían en flores y se ponía en ellas coronas hechas con las que se tomaban del campos. Pasados unos días algunos recogían las cruces, pero otras se abandonaban a su marchitez; al secarse las ramas y bejucos con que se aseguraban, sus brazos tomaban extrañas formas al caer. Se veían a la vera de los caminos, recordatorio de que así es la vida.
Al siguiente domingo, puedo estar equivocado, con la sencillez de los tiempos, se celebraba el día de la madre llevando en la solapa o en la camisa inmaculada, un clavel rojo o uno blanco. Como se agotaban, una pequeña cinta lo sustituía. Era mayo.
Fue corta mi niñez y no me atrevo a decir que fue feliz, pero mis ojos han mirado.
Al pasar las hojas de poesías de Dulce María Loynaz anoto en mi cuaderno y aprovecho:"Una palabra.Una palabra, solo una palabra:Y de pronto la vida se me llenó de luz"'Como me llamo LuisYo tengo mi inicial a luna y sol,clavada sobre el tiempotodos los días a las doce y cuarto...'
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