Luis Fernando Gutiérrez-Cardona
Me duele, de verdad, la partida del padre Augusto Cardona Agudelo. Primo de mi madre, fue siempre alguien con quien podia contarse. Bautizaba, casaba, enterraba, daba la primera comunión y ponia los santos óleos. Abría su pequeña maleta —no necesitaba más— sacaba su estola, bendecía con una sonrisa que no disminuia la seriedad de su ministerio y desaparecía. Que se quedara a comer o dormir era imposible. No se despedía, se esfumaba. De niños le pedíamos que tocara la dulzaina y algunas veces nos daba gusto. Cura en Guayabal, Armero, cuando este desapareció en esa avalancha de tierra y agua, el golpe que sufrió por ello hubo de ser muy fuerte. Descanse en paz, padre monito. Espero que se haga verdad en ti la vida eterna, que entre las nubes de la gloria te encuentres con María tu mamá, y que con mi madre que tanto te quiso se sienten a contarse historias del Agudelaje que los unía. ¡Vino el padre Augusto! decía con su timbre característico, ¡Ghisela! respondía él y al abrazarse se les abria el cielo.
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