La cuenta numérica no se detiene. Se dice 2021 aunque de hecho el año 2020 no acaba. Tiene como 18 meses y sigue acumulando. Lo que no está detenido lo está a medias. Se respiran rabia y desesperanza. El bicho chino sigue ahí y cuando menos se espera toca a alguien cercano que la parca sin parquedad se lleva. Pero también ataca otros tejidos que se mantienen por la cercanía: familia, compañeros, estudio y trabajo, juntos por el contacto del encuentro y el abrazo permanente, de torta y café y vinos y comida, de viajes en el ascensor y encuentros por la calle, la distancia los distancia; el contenido pierde la contención y se desparrama por falta de cuidado y vigilancia. El tejido social, el familiar, sufren. Eventualmente se deteriora y se desvanece. Se reducen los mensajes a compromiso, poco más, si acaso.
Nada será igual, es la consigna aceptada. Todo es y será de otra manera.
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