De qué esta hecha su noche, preguntaba entonces y pregunta ahora que un poeta le recuerda que la palabra feliz está muy cerca de la palabra falaz, por lo que siempre es un engaño. Y le preguntará de qué está hecha la suya. Confesará que de ti en la parte feliz y de mí en la falaz. Mi cuerpo, dirá, anda como a treinta revoluciones por minuto, la mitad de las de aquellos discos que nadie ya conoce, pero mi mente vuela de forma sideral.
Confesará que vive entre el desconcierto del encanto y el desencantamiento en proporciones iguales; de la belleza que ven sus ojos y la advertencia de que no es para él, que le hacen sus sentidos.
La partida, verbo y sustantivo, está jugada, los dados en el aire; y marcan huellas, aún, todos los pasos.
No tiene a quien cuidar y solo de una presencia intermitente y clandestina re$ibe cada amanecer imágenes y flores.
Enséñeme sin miedo sus simas y sus cimas; conmigo, dicen los traidores, siempre estarás a salvo.
Quiero sus pies descalzos y su desnudez en esta noche noche, y en cada día día su rostro entre mis manos.
Se asoma al corazón ese poema, gastado y nuevo siempre, de dos pronombres y un verbo en tres letras.

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