No hay alcohol, solo marihuana y seres de todos los colores, fachas, fechas e idiomas. Predicadores. Asustadores de oficio, bailarines, gentes que no hacen otra cosa que ver gente, caminantes de teléfono o cámaras enormes en la mano, mutantes con un ojo en su iphone 13 y otro en la cabeza que miran dos cosas diferentes al mismo tiempo; gozetas de profesión. Libres todos. Adoradores de la selfie, veneradores de la imagen, hurtadores de miradas que no miran de frente. Pantallas enormes que llenan de necesidades que no se necesitan, ruido, humo de hot dog. Autos de lujo. Ropa como funda y alguna desnudez. La variedad genética.
Un alma o lo que sea que tengo adentro, que se desvanece, un cuerpo sin lugar a vanidad que se desocupa de su energía básica. NY, otoño, 2021. El aleluya del fanático viene después de la amenaza: el mundo se va a acabar pero usted no tiene derecho a vivir, si no a salvarse. La vida no es esta, dice, sino la eterna. Es todo lo que hay. Anónimos dentro de la multitud.
Todo lo que se hace después de meditarlo es traición y es desperdicio. También lo que se hace tarde en la vida cuando las luces ya son sombra. Cuando la esperanza cede a la desesperación.

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