(morirá de mal de entrañas...)M. Yourcenar
Ayer regalé mis viejos converse, dos pares que aún tenia, unos purpura y otros verdes. Me llevaron por muchas partes, me hicieron sentir libre. Los pies en más contacto con la tierra. Libre y vivo pues eran un poco transgresores, un poco pasados de moda, un poco fijados en una década con muchas otras décadas encima. Muy personales. Decidí cerrar mis ojos a esos objetos de culto para mi llenos de significado. Dejarlos ir donde alguien les dará en dos o tres semanas el final que empezaron a tener hace tanto y no tuvieron.
Este reconocerse, vale decir volverse a conocer, en la percepción ajena haciendo a un lado la propia, cuesta. Me he auto valorado bien, sin especial generosidad. He valorado a los demás con respeto, sin entrar en intimidades salvo una vez y ni aun esa. Dije siempre lo que quise pero pensé siempre lo que dije. Y cuando se trató de lo cercano, lo envolví en lo que llamaba decir generalidades. No es por o de tí o de alguien, decía, hablo en general. No era una coraza sino un subterfugio.
Cuando se liberan los diques, pues las barreras y las distancias se hacen más sutiles, y los otros en manada te vuelven tema de conversación, homogenizan su pensamiento, lo estandarizan y establecen, todo esta resuelto. Resuelto en términos jurídicos, echado atrás, aclarado, rescindido. Incluye la decisión de quién lo dirá, y aparece el dispuesto que lo hace. No hay forma ni ganas de defenderse. Se trata de lo pasado carente de identidad y de calor y de necesidad. Sorpresa, que haya tardado tanto tiempo; consuelo, que tiempo es lo que no queda.
Ahí decido regalar mis converse.

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