¿Si fueras un dios, me preguntan de repente, qué dios serías? Lo tomo en serio y tras un momento respondo: sería el dios de la bondad natural. No esperaba esa respuesta, replica mi tertuliano. Si, le digo, entiendo por ello el que hace las cosas naturales, sin esperar petición o impulso, sin pretender recompensa, porque le nace. Como el sol o la lluvia que no demandan gratitud ni se arrepienten.
Por supuesto, concluyo, ese dios no requiere de ser dios.
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