Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno
—Pio Baroja
Recuerdo cuando salió Cien Años de Soledad. Su fama fue inmediata. El Tiempo y El Espectador tenían suplementos literarios que solo hablaban de ello. Meses después, allí en el lugar de la neblina, don Arturo Zuluaga puso algunos ejemplares a la venta, de los de tapa blanca con elementos azules, y papá me compró uno, digo aunque bien pudo ser que lo compró y circuló en casa de mano en mano. No fue fácil leerlo, tal vez no lo hice. Me perdí en párrafos, aquí y allá. 'Muchos años después' lo acometí con juicio y hoy tengo tal vez tres ejemplares en mis escuálidas estantería que cambian de lugar y ausencia al ritmo de los caprichos decorativos. Lo gozo entero y por partes. También sufro algunas. Regreso a los párrafos sin lograr describir lo que siento al leer, por decir algo, aquel de la subida al cielo de Remedios la Bella, llevada por un viento azul, mientras Úrsula y Fernanda miraban.
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