los extravagantes hijos de mi fantasía—G. A. Bécquer
Solía preguntar: ¿qué hay más arriba de tu último piso? Cada vez encuentro más sentido a esa pregunta. ¿Por qué persistimos en la aproximación? ¿Qué produce en nuestro espíritu que nuestros cuerpos se junten? ¿Qué que nos desnudemos sin dudar y nos ofrezcamos a la compañía, las caricias, el roce y las conversaciones eternas y seguramente repetidas? ¿Por qué bajamos la guardia, desestimamos la precaución y no tememos al miedo ni a la violencia, y ni los suponemos? ¿Cómo puede tomarse eso simplemente como una urgencia de primate?
En el ser tiene que caber la profundidad del otro, el aprecio, el respeto de una intimidad confiada, la fe en que lo que se hace o hizo importó e importa. Un te quiero no pueden ser atadura ni palabras sin sentido.
¿Qué hay más arriba de tu último piso? Y si allí no hay nada, ¡el horror!
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