Hace años, todo en mi vida es ya hace años, una larga charla de tiempo e imposibilidad me descubrió a Alejandra Pizarnik. Desarrollé con sus textos una relación de amor difícil. Será así para muchos tanto como para ella misma. Son las 3.44 a.m., dejo que corra Chopin, cojo un libro grueso que tengo con su poesía y leo:
Has construido tu casahas construido tu casahas emplumado tus pájaroshas golpeado al vientocon tus propios huesoshas terminado solalo que nadie comenzó***La palabra que sanaEsperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.
Y pienso en ti que vives en mi. Hay amistades que no tienen fecha de caducidad, las de la juventud primera. Hay las que llegan como oleadas, y que, como las olas se deshacen sin que por ello desaparezca el agua. Amistades que fueron tormenta - también tomento - y se hicieron brisa. De vez en cuando, a ruego, una voz suya alienta aliento. Alguna vez sus mensajes llamean desde los archivos dónde piadosamente se guardaron. Sonrisas y nostalgias.

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