Solo un saludo.
A medida que el polvo baja, lo que quedó se vuelve más nítido. No hablo solo de las paredes: es caminar con restricciones, ver escombros que ya parecen parte del paisaje, puertas que no volverán a abrirse. Es ver a la gente en colas interminables por una aspirina, justo donde alguien murió esperando lo mismo.
La vida sigue, sí. Y por dentro también hay grietas, silencios, zonas acordonadas. Uno avanza igual, como puede, siguiendo ese hilo del Tao —como es afuera es adentro— que a veces es apenas un gesto, un paso, una respiración.
Son días negros, por ideas y por carencias, por todo mezclado.
Y ahora, con este calor extraño, parece que el país también anda febril: tras de cotudos, con paperas, dirían los abuelos.
Pero incluso así, hay un blues suave que nos acompaña: una nostalgia que no se rinde, una música que recuerda lo que éramos y nos sostiene mientras caminamos.
Y aun así, queridos, hay que sobreponerse.
No por obligación: por esa melodía tenue que sigue sonando aunque nadie la nombre.
Un adagio que empieza en voz baja y encuentra su pulso mientras seguimos adelante.
lfgc

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