Agua que deja de ser eternidad
Luis Fernando Gutiérrez Cardona
Vi las imágenes del deshielo en el Tíbet y en Nepal.
La nieve antigua que parecía piedra blanca, se soltó.
Siglos de quietud convertidos en agua que baja con prisa.
Pensé en el Nevado del Ruiz, aquí cerca, cuando hizo lo mismo:
la eternidad cedió y se volvió riada,
y en ese movimiento se llevó miles de vidas,
miles de futuros.
Hay algo inquietante en esa transformación.
El hielo es paciencia, silencio, altura.
El agua es impulso, destino, ruptura.
La montaña se vuelve camino;
lo permanente se hace arrastre.
Y hay una belleza secreta en ese liberarse.
Si yo fuera agua, me encantaría.
Después de siglos siendo piedra,
después de sostener el frío y la luz,
después de guardar memoria en capas,
poder al fin moverme, bajar, tocar la tierra,
ser corriente, ser viaje, ser cambio,
ser mar y ser lluvia.
Quizá todo lo que creemos eterno
tiene un momento en que decide fluir.
Quizá uno también, alguna vez,
deja de ser hielo y se vuelve río.
Como la tierra del Tíbet,
que robada al espíritu
renace en otra forma.

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