—Gran lección: no se requieren cien años y un proceso para brillar. Dos semanas atrás solo sabian de él los muy aficionados.
—Un momento muy intenso: ese en que se encuentran las miradas de los dos hermanos, chicos ambos, el pequeño como viendo a dios, y se dan mutuamente la bendición en un gesto propio de la tierra -profundamente humano- que repite con su madre, besando cada uno la cruz que el otro forma con sus dedos, y luego la frente. Un círculo de familia entre miles de personas alli, y millones en la televisión.—Si quieres brillar, brilla.
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