Tardes y mañanas sin mente, noches con un lucero al frente, pasos a través de un barrio apenas conocido, subidas y bajadas vacilantes por escaleras estrechas, miradas al paso sin una voz de desaliento. Ir y volver por años, ortigas en el camino, puertas abiertas, sonrisas, café y sensaciones inolvidables... experiencias más allá de lo descriptible. La vida: un recordar de añales...
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Foto: R. Buitrago

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