Amémonos antes de que no se pueda. Físicamente digo... desde el dedo pequeño del pie izquierdo, uno por uno, por las plantas, los tobillos, los muslos y las rodillas, por cada plano y cada cima, por todas las profundidades, por cada oquedad y cada valle, a lo largo y a lo ancho en cada una de las diez direcciones y de todas las maneras. Envolvamos las caderas en las piernas, flotemos, hagámoslo todo. El algoritmo nos persigue. Pronto, ya, la asexualidad será la norma. No nos tocaremos, nos percibiremos. Un mecanismo gestionará la dopamina. Nos taparán los ojos, los oídos, los sentidos. Todo será controlado, nos impondrán la maravillosa alegría que alguien supone. La felicidad obligatoria que vendrá del aire y por los cables nos la impondrán a la fuerza, con aceptar maquinalmente los términos y las condiciones. No habrá derecho al reinicio: la metadata no olvida, nuestro archivo no desaparecerá de la nube ni habrá manera de enmendarlo por los siglos de los siglos. Contarán nuestras respiraciones para exigir el pago, taparán el sol para hacer de su búsqueda una necesidad y cobrar por ello.
La eternidad será eterna, es lo que pedimos a los dioses y nos concedieron que brillara para todos la luz perpetua.

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